domingo, 25 de mayo de 2025

Zoo

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jueves, 19 de julio de 2012

Vicente Blanco "El Cojo"



 Vicente Blanco "El Cojo"

Fue el primer vasco en participar en el Tour de Francia, en 1910, y abandon贸 en la primera etapa. Pero lo hizo tras recorrer, pedaleando por su cuenta, el trayecto entre su Bilbao natal y Par铆s. A Vicente Blanco le llamaban “El cojo” porque le faltaban los dedos de un pie tras sufrir varios accidentes en la f谩brica donde trabajaba. Antes fue marino. Despu茅s, campe贸n de Espa帽a de ciclismo. Muri贸 solo y pobre, pero su vida bien vale un homenaje como aut茅ntico “esforzado de la ruta”.


En 1910, cuando el Tour se dispon铆a a celebrar la que habr铆a de ser su octava edici贸n, un ciclista vizca铆no concibi贸 la audaz idea de participar en la carrera francesa. Hasta entonces ning煤n ciclista espa帽ol se hab铆a animado a competir en una prueba con aura de heroica. Los deportistas de este lado de los Pirineos hablaban y no paraban de los m谩s de 4.000 kil贸metros de su recorrido, repartidos en maratonianas etapas de 400 kil贸metros; comentaban que las carreteras, polvorientas y plagadas de baches y agujeros, eran una continua amenaza para los ciclistas; dec铆an que 茅stos pasaban hambre y sed y padec铆an m煤ltiples enfermedades…

A la vista estaba que aqu茅llos eran motivos suficientes para desanimar a cualquiera, pero no a un ser especial como lo fue Vicente Blanco, un ciclista cojo y corajudo que, tras leer en los reglamentos de la carrera aquello de que “el corredor sale solo a la aventura”, parti贸 en bicicleta de Bilbao a Par铆s, llevando en su zurr贸n unos mendrugos de pan y unas pocas monedas.

Blanco naci贸 en Deusto en i884 y ya desde muy jovencito comenz贸 a ganarse la vida como pinche de cocina de un barco, pasando luego a trabajar de palero en las m谩quinas. As铆 forj贸 un f铆sico duro y curtido, lo que sin duda le sirvi贸 de mucho en su posterior carrera como ciclista. Con este oficio de marino recorri贸 el mundo, d谩ndose el gustazo de alquilar bicicletas en los puertos en los que le dejaban desembarcar.

Cuando se aburri贸 de aquella vida, en 1904, busc贸 trabajo en una f谩brica sider煤rgica, La Basconia. All铆 sufrir铆a dos grav铆simos accidentes. El primero le ocurri贸 por una apuesta rid铆cula con sus compa帽eros de trabajo. Se jugaron una botella de vino blanco a que no sub铆a hasta el 煤ltimo piso de una casa en construcci贸n antes de que otro contase hasta 25. Vicente gan贸 la apuesta, pero quiso ir tan r谩pido que cay贸 por el hueco de la escalera, rebotando en todos los pisos. Incre铆blemente no se mat贸. En el otro percance, un a帽o despu茅s, una barra de metal al rojo vivo le entr贸 de abajo a arriba por el tal贸n izquierdo. Todos los m煤sculos quedaron seccionados y el pie totalmente destrozado. Pero no par贸 ah铆 su infortunio, ya que un a帽o m谩s tarde, en los diques de Euskalduna, otro accidente similar le har铆a perder los cinco dedos del pie derecho. A partir de aqu铆 todos empezaron a conocerle como El cojo, un apodo que nunca le molest贸.

Lejos de arredrarle, tama帽as desgracias significaron poco para 茅l, hasta tal punto que decidi贸 hacerse ciclista y, para ello, con el dinero de la indemnizaci贸n, le compr贸 una vieja bicicleta oxidada a una trapera de la monta帽a. Por aquella 茅poca, Vicente se ganaba la vida pescando angulas y trabajando de botero entre la gr煤a grande y el final del Campo de Volant铆n, a raz贸n de cinco c茅ntimos por cada persona transportada. En su bote mont贸 un garaje y, cuando por fin hubo terminado de reparar su m谩quina, la embadurn贸 de pintura bermell贸n que le regalaron en un barco de la Vasco-Andaluza y sustituy贸 los inexistentes neum谩ticos por dos gruesas sogas de amarrar barcos.

Ya estaba, ya ten铆a bici, y con ella se present贸 al cabo de un tiempo en la sede de la Federaci贸n Atl茅tica Vizca铆na (FAV), donde le recibieron el presidente y cuatro miembros m谩s de la directiva. “Yo, francamente, quer铆a ser campe贸n”, solt贸 ante sus at贸nitos interlocutores, que le miraban con amable compasi贸n. Le invitaron a un whisky y, cuando el licor hubo hecho su efecto, El cojo quiso dar buena prueba de su fortaleza ejecutando un vigoroso baile ingl茅s de esos que se realizan en cuclillas con profusi贸n de estiramientos y flexiones. Pas贸 luego a contarles su vida y a mostrar sus heridas. Y lo hizo con tanta gracia que le invitaron a correr, sin pagar inscripci贸n alguna, unas carreras ciclistas y pedestres que se iban a celebrar en la bilba铆na Plaza El铆ptica. Como no pod铆a ser menos, hizo el rid铆culo, porque la m谩quina que montaba no estaba en condiciones de servir para aquellos lances. Y suerte tuvo de no ir a la c谩rcel, ya que al ver al aire los brazos y muslos de los dem谩s corredores, quiso imitarles poni茅ndose en calzoncillos, extremo 茅ste que no fue muy bien comprendido por los guardias municipales que custodiaban el espect谩culo.

Poco despu茅s gan贸 el tercer premio de una carrera en Vitoria: 125 pesetas con las que volvi贸 a Bilbao y pudo casarse. Aplacado con la vida hogare帽a, pas贸 meses de vida feliz, entregado a su mujer y su trabajo, hasta que un d铆a corri贸 el rumor de que hab铆a muerto y ya estaba enterrado. Dec铆an, y era cierto, que cierta madrugada bajaba de Valmaseda ligeramente bebido. Dec铆an, tambi茅n, que entre el pecho y la camisa guardaba una botella de txakol铆, la misma cuyos cristales le rajaron como una navaja cuando un perro se abalanz贸 sobre su rueda. La gente le quer铆a y por eso sinti贸 su supuesta muerte, tanto como se alegr贸 de su resurrecci贸n. Ocurri贸 茅sta el d铆a en que la FAV celebraba su excursi贸n anual al castillo de Butr贸n. Cuando todos estaban sentados a la mesa, apareci贸 El cojo lanzado cuesta abajo, tocando un popular pasodoble con su flauta antes de lanzarse, con bici y todo, a la r铆a.

Renacido para el ciclismo, El cojo se mostr贸 lo suficientemente bien entrenado como para ocupar el cuarto lugar en el campeonato de Vizcaya de 1908. Por aquel magn铆fico puesto y otras tantas victorias que obtuvo en sendas carreras de pueblo, su amigo Luis Arana le regal贸 una excelente bicicleta Armor. Comenzaba su mejor 茅poca.

Con aquella m谩quina se fue hasta Gij贸n a correr el Campeonato de Espa帽a de i908, una carrera que gan贸, aunque bien pudo haberla perdido. La culpa la tuvo su glotoner铆a: le dijeron que comiendo carne se pondr铆a mucho m谩s fuerte, y cuando la FAV le provey贸 de fondos para correr la carrera, Vicente engull贸 tales chuletadas que durante el viaje crey贸 morir v铆ctima de la diarrea que le sobrevino. Cada poco ten铆a que parar para aliviarse. Lleg贸 el primero a la meta, pero se desmay贸 tras cruzarla.

Al a帽o siguiente, en 1909, El cojo revalid贸 su t铆tulo de campe贸n de Espa帽a en una carrera dura y disputada como pocas, en la que los participantes transitaron en ocasiones hasta por los cauces de los r铆os. Su vuelta a Bilbao fue apote贸sica. Recibido como un h茅roe, Blanco vio acrecentada su popularidad hasta el extremo de contemplar engalanados los escaparates de no pocas tiendas con su efigie. Le llovieron convites, tantos que en un mismo d铆a tuvo que acudir como invitado a cinco alubiadas. Tantos como para tener que purgarse tres veces en la primera semana de su vuelta a casa.

SUE脩OS DE GRANDEZA. Prosiguiendo con este clima de euforia, gan贸 destacado la Ir煤n-Pamplona-Ir煤n, prueba de car谩cter internacional en la que barri贸 al resto de participantes. Aquel nuevo triunfo le llev贸 a tener alg煤n sue帽o de grandeza y se le meti贸 en la cabeza que podr铆a hacer lo mismo en el Tour. Tozudo como era, El cojo toc贸 todas las puertas hasta encontrar un mecenas en la figura de don Manuel Aranaz Castellanos, presidente de la Federaci贸n Atl茅tica Vizca铆na. 脡ste le facilit贸 una carta de presentaci贸n para Desgrange, organizador de la prueba, y Blanco, animoso, mont贸 en su bicicleta y, pedaleando, se fue a Par铆s. A la espalda llevaba un zurr贸n con comida, algunas monedas y ning煤n repuesto...

Tras cruzarse Francia a golpe de pedal, lleg贸 a la capital un 2 de julio, enfermo y extenuado. Se dirigi贸 a la Maisson Alcyon, sede de un prestigioso fabricante de bicicletas que equipaba a Fran莽ois Faber, el 煤ltimo ganador del Tour. All铆 conoci贸 a un mec谩nico espa帽ol, Joaqu铆n Rubio, que le proporcion贸 una m谩quina y le acompa帽贸 a la sede del diario organizador, L’Auto, para que formalizase su inscripci贸n. Le dieron el dorsal i55 de los corredores isol茅s, es decir, aquellos que sal铆an solos, sin equipo ni acompa帽antes a ver c贸mo pod铆an terminar la carrera.

Por lo que a Vicente se refiere, la acab贸 r谩pido, demasiado para su gusto. Con sus tubulares pinchados y sin repuestos, debilitado por el viaje desde Bilbao y la poca comida, no finaliz贸 ni la primera etapa, Par铆s-Roubaix, de 272 kil贸metros. “Me retir茅 porque la aventura m谩s peligrosa era marchar en solitario. Las carreteras eran estrechas, y no solamente hab铆a que ir sorteando los baches, salvando las piedras que se cruzaban, sino que hab铆a que guardarse mucho del polvo que levantaba el corredor de delante, impidiendo ver las cunetas”, dir铆a a帽os m谩s tarde.

De retorno a Bilbao tras aquella primera experiencia francesa, El cojo no volvi贸 a hablar m谩s de correr el Tour. Qued贸 tercero, eso s铆, en la primera Vuelta a Catalu帽a y sigui贸 ganando dinero y carreras hasta la hora de su retirada, en 1916. Luego, la vida no le trat贸 bien, fracas贸 en los negocios y muri贸 olvidado y en la pobreza un 24 de mayo de 1957. El d铆a de su entierro alguien record贸 lo que dijo de 茅l el diestro Cocherito de Bilbao cuando le present贸 ante sus amistades: “Aqu铆 tienen al hombre que en su cuerpo reune, 茅l solo, m谩s cicatrices que todos los toreros de Espa帽a juntos”.